El suelo pélvico es una estructura activa y dinámica compuesta por músculos, fascia, ligamentos, nervios y vasos sanguíneos. Forma la base de nuestro abdomen y es responsable de mucho más de lo que imaginamos.
Sostiene los órganos pélvicos (vejiga, útero, vagina e intestinos), controla la continencia urinaria y fecal, participa en la función sexual y en la postura, y está profundamente relacionado con nuestra estabilidad y sensación de bienestar.
Cuando el suelo pélvico no funciona correctamente, pueden aparecer síntomas como pérdidas de orina al reír, toser o estornudar, urgencia urinaria, dolor pélvico, molestias durante las relaciones sexuales, sensación de peso vaginal o incluso la aparición de una “protuberancia” en la entrada de la vagina (prolapso).
Son señales que el cuerpo nos da — pero que muchas veces se ignoran, se normalizan o se ocultan.